¿Qué tienen en común un ingeniero austriaco y un gitano catalán?. Parece un chiste casposo de los de siempre. Pero no tiene nada de gracia. Parece que lo de encerrar a una mujer para abusar de ella y degradarla sistemáticamente no conoce ni naciones, ni niveles sociales. Si se me va de las manos, como es mía, o la mato, o la aniquilo. Y en miles de casos no se llega a denunciar nada: hay cárceles sin barrotes ni grilletes en las que también se tortura a diario.
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